Ser madre en medio del miedo (3/4) | “La función tiene que seguir”: 21 años buscando a Mónica

Ciudad de México, México – Adela Alvarado aprendió a dibujarse una sonrisa incluso en los peores días.
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Resúmen
- Ciudad de México, México – Adela Alvarado aprendió a dibujarse una sonrisa incluso en los peores días.
- El martes 14 de diciembre de 2004 parecía un día cualquiera en la vida de Adela Alvarado.
- Su hija, Mónica Alejandrina, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México, salió de casa alrededor de las diez de la mañana.
- Estaba cerca de graduarse, pero todavía tenía que entregar un trabajo y reunirse con algunas compañeras.
Ciudad de México, México – Adela Alvarado aprendió a dibujarse una sonrisa incluso en los peores días.
Frente al espejo, todavía se maquilla como “Salchicha”, el personaje de payasa con el que durante años animó espectáculos circenses junto a su familia y con el que ahora intenta llamar la atención sobre la crisis de desaparecidos en México, un país donde más de 128.000 personas no logran ser localizadas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
El martes 14 de diciembre de 2004 parecía un día cualquiera en la vida de Adela Alvarado. Su hija, Mónica Alejandrina, estudiante de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México, salió de casa alrededor de las diez de la mañana. Estaba cerca de graduarse, pero todavía tenía que entregar un trabajo y reunirse con algunas compañeras.
Su padre, como hacía habitualmente, le ofreció ir a recogerla más tarde. Ella le respondió que no hacía falta. “No vayas por mí. No sé a qué hora voy a salir”, recuerda Adela que le dijo. Horas después, cerca de las seis de la tarde, las compañeras de Mónica llamaron a la casa para preguntar por ella. Nunca llegó a la universidad.
Su padre salió a buscarla, recorriendo el trayecto que hacía todos los días desde el Estado de México, donde vivía la familia, hasta Ciudad de México. Pensó en un accidente. Caminó la ruta. Revisó hospitales. No encontró nada. Adela supo entonces que algo estaba mal. “Mónica no era una persona amiguera ni de salir a bailes. No era normal que no regresara a casa”, cuenta.
Esa noche, mientras esperaban noticias, reunió a sus hijos para rezar un rosario por el mal presentimiento que tenía. La familia intentó denunciar la desaparición, pero chocó rápidamente con la burocracia. Primero acudieron a autoridades del Estado de México. Después fueron a Ciudad de México. Les dijeron que no podían levantar la denuncia porque el caso no correspondía a su jurisdicción.
En aquel momento, recuerda Adela, no existían mecanismos especializados de búsqueda para personas desaparecidas. “Lo único que podemos hacer es darles esta hoja para que ustedes le pongan una foto y la peguen donde crean”, les dijeron en una oficina de atención. La familia empezó entonces a buscar por su cuenta. Pegaron fichas en postes, calles y estaciones de transporte.
Resumen elaborado por iNFOLINK News a partir de información publicada originalmente por www.france24.com.

